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¿Qué entendemos por movilidad?
Por movilidad se entiende el conjunto de desplazamientos, de personas y mercancías, que se producen en un entorno físico. Cuando hablamos de movilidad urbana nos referimos a la totalidad de desplazamientos que se realizan en la ciudad.
Estos desplazamientos son realizados en diferentes medios o sistemas de transporte: coche, transporte público… pero también andando y en bicicleta. Y todos con un claro objetivo: el de salvar la distancia que nos separa de los lugares donde satisfacer nuestros deseos o necesidades. Es decir, facilitar la accesibilidad a determinados lugares: a pesar de ciertas campañas de publicidad pocas personas disfrutan por el simple hecho de desplazarse.
Por tanto, la accesibilidad es el objetivo que a través de los medios de transporte persigue la movilidad.
Con este razonamiento lo que pretendemos es romper con la lógica habitual que equipara movilidad con accesibilidad. La confusión de ambos términos es la base de una fórmula muy aceptada: a mayor movilidad mayor accesibilidad. Bajo esta simplificación se justifica y se ha justificado la aplicación de medidas y políticas que sin mejorar la accesibilidad –y ha menudo empeorándola– han incidido en los problemas de movilidad.
La accesibilidad así entendida no sólo se facilita o consigue mediante el transporte. Hay otros factores, cómo la distribución de los servicios o el desarrollo urbano, que influyen poderosamente sobre ella.
Si el objetivo que quiere garantizarse es el de disponer de accesibilidad a los bienes o servicios, no vale simplemente con ofrecer muchos medios de transporte que alcancen distancias cada vez mayores. Hay que cuestionarse también el espacio físico en el que se desenvuelven los habitantes y sus deseos y necesidades.
Es fundamental ampliar el ámbito de acción y reflexión del transporte al desarrollo urbanístico, a la prestación de servicios y al modelo de ciudad.
¿Cómo ha evolucionado la ciudad y su movilidad?
Los problemas de movilidad que actualmente presentan la mayoría de nuestras ciudades son la consecuencia progresivamente agravada de dos procesos que se han ido solapando en el tiempo. El primero es el consumo de suelo urbano para el transporte: la gran cantidad de espacio urbano que requiere el transporte se obtiene del que necesitan otras actividades, las cuales se ven obligadas a expandirse por el territorio. Con el aumento de las distancias entre actividades se requiere cada vez de más desplazamientos motorizados que reclaman a su vez más espacio que devorar, generándose así un círculo vicioso expansivo.
El segundo proceso es la especialización de los usos del suelo. Nos referimos a la tendencia de que cada vez más espacios sirven para un único tipo de servicio u actividad: oficinas, vivienda, universidad, centros comerciales… De esta forma se hace cada vez más necesario el tener que desplazarse y menos actividades quedan cerca unas de otras.
Pero la responsabilidad de esta evolución no descansa por igual entre los diferentes medios de transporte. El gran culpable de esta situación ha sido el automóvil: mientras todas las políticas urbanas y de transporte han estado orientadas a favorecer y fomentar su uso, el resto de medios iban a la cola, adaptándose e intentando sobrevivir en el entorno creado por y para el automóvil.
Las consecuencias del uso del automóvil sobre la ciudad se comparan a los de una bomba lenta: “una bomba cuya onda expansiva tuviera la virtud de trasladar edificios y actividades a varios kilómetros a la redonda, y cuyo principal efecto en el interior fuera el de destruir la propia esencia de las urbes: la convivencia y la comunicación entre los seres humanos” [1].
El resultado ha sido un incremento espectacular de las distancias cubiertas cada día por los ciudadanos y ciudadanas: sólo en los últimos 30 años se han duplicado [2], y se ha producido una fuerte expansión metropolitana al margen en la mayoría de los casos de la evolución demográfica, dando lugar a lo que se conoce como ciudad difusa.
En estas ciudades debido a que el transporte público resulta menos atractivo y competitivo el coche se convierte en la única alternativa. La ciudad difusa no solo resulta más cara y consume mucha más energía, sino que también margina a aquellas personas que no conducen, porque no pueden o no quieren tener un automóvil.
CONSEJOSN PARA EVITAR ACCIDENTES EN LA VIA
Reduce la velocidad. El exceso de velocidad disminuye el tiempo que tienes para reaccionar e incrementa las probabilidades de sufrir un accidente. Entre más rápido vayas, será más difícil reducir la velocidad. Si no puedes reducirla, te arriesgas a causar un accidente.
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- Recuerda que a menudo los policías se ocultan mientras buscan a los conductores que exceden la velocidad máxima permitida. Si te atrapan conduciendo demasiado rápido, no dudarán en sancionarte. Aunque no se trata de un accidente, sin lugar a dudas es algo que quieres evitar.
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2
Permanece en tu carril. La "conducción preventiva" significa dejar que las otras personas te sobrepasen y no defender tu posición en el tráfico. Resiste el impulso de tomar la justicia en tus manos ("¿Ah sí? ¡Déjame mostrarte lo que se siente cuando alguien te cierra el paso de esa manera!"), permanece en tu carril para evitar cerrarle el paso a los otros conductores y no serpentees por las calles. Acepta el hecho de que siempre habrá una persona que cree que tiene más afán que tú. Este es el tipo de conductores del que quieres alejarte. Resiste la tentación de “enseñarles una lección”, ya que no funcionará.
- En general, evita el carril izquierdo. Es el lugar en el que ocurren la mayoría de los accidentes.[1] También tienes más "salidas" en el carril derecho, en el caso de que ocurra un problema repentino que te obligue a cambiar rápidamente de carril o detenerte en el arcén.
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3
Conduce con ambas manos en el volante. Conducir con ambas manos en el volante te permite tener un mayor control sobre el automóvil en el caso de que ocurra una emergencia. Imagina que tienes una sola mano reposada sobre el volante cuando tienes que desviarte bruscamente. Al ajustar tu posición, perderás esa fracción de segundo valiosa que puede ser la diferencia entre permanecer ileso y sufrir un accidente.
- Mantén las manos en los lados opuestos del volante. Aunque no se trata de la posición más cómoda, es la que te permite alcanzar la mayor flexibilidad en el caso de que necesites ajustar tu rumbo.[2]
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4
No sigas de cerca al vehículo que está en frente de ti. No importa lo lento que vaya el tráfico, mantén al menos 2 segundos de distancia entre tu automóvil y el vehículo que está delante de ti. Si acortas la distancia, no podrás detenerte a tiempo si su conductor frena repentinamente.
- Esto es especialmente importante en las horas en las que hay mucho tráfico. Quizás creas que el automóvil que está delante de ti acelera rápidamente, cuando en realidad solo avanza para detenerse nuevamente. Si no sigues de cerca a los otros automóviles, no desgastarás tanto tus frenos y ahorrarás combustible. Los procesos constantes de frenar y arrancar no son buenos para tu vehículo.
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5
Usa las señales apropiadamente. Siempre usa tus señales, incluso si crees que no hay nadie cerca. Al cambiar de carril en la autopista, no uses las señales luego de realizar la maniobra o mientras cambias de carril. Debes usar las señales con al menos 2 segundos de anticipación para que los otros conductores sepan lo que vas a hacer y puedan tener en cuenta tus acciones en el caso de que surja un problema.
- ¿Alguna vez notaste cómo las marcas de los neumáticos a lo largo de la carretera se encuentran justo antes de una rampa de salida? Este es el lugar en el que debes tener más cuidado.
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6
Mantén tus ojos en movimiento. No te acostumbres a quedarte mirando la parte trasera del automóvil que está delante de ti. Mueve tus ojos periódicamente hacia los espejos laterales, el espejo retrovisor y el lugar en el que estarás dentro de 10 o 15 segundos. Si lo haces, puedes descubrir las situaciones potencialmente peligrosas antes de que ocurran.
- Esto te ayuda a predecir lo que va a hacer el tráfico. Al observar los automóviles que están delante de ti podrás saber si es necesario frenar pronto o seguir avanzando.
- Esto también te permite controlar tus puntos ciegos, lo que hace que sea más fácil saber si es seguro cambiar de carril.
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7
Siempre usa el cinturón de seguridad. Esto es muy necesario, independientemente del lugar en el que estés, de tu tipo de automóvil o del lugar al que te dirijas. En muchos países se obliga por ley a que todos los automóviles tengan un sistema de seguridad que los conductores deben usar obligatoriamente. Ponerte el cinturón de seguridad solo te toma unos segundos y puede salvar tu vida en un accidente.
- Los niños siempre deben estar en un asiento infantil o elevador hasta que sean lo suficientemente altos y tengan el peso necesario para que se sienten en las sillas comunes. Esto generalmente incluye a los niños de 8 años y menos.[3]
- Nunca pongas a un niño en un asiento infantil o elevador en el lugar que está al lado del conductor o en otros asientos que cuenten con bolsas de aire. Los niños generalmente deben tener 12 años o más para sentarse en el asiento que está al lado del conductor.
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8
Conduce en el carril pegado a la acera. Permanecer en la protección de este carril reducirá las probabilidades de una colisión con el tráfico en los dos o cuatro carriles. Asimismo, en lugar de tener tráfico en ambos lados de tu vehículo, como lo ocurre cuando te encuentras en el carril que no está pegado a la acera, solo lo tendrás en un lado, lo que reducirá las probabilidades de que otro conductor te choque de una manera u otra.
Por movilidad se entiende el conjunto de desplazamientos, de personas y mercancías, que se producen en un entorno físico. Cuando hablamos de movilidad urbana nos referimos a la totalidad de desplazamientos que se realizan en la ciudad.
Estos desplazamientos son realizados en diferentes medios o sistemas de transporte: coche, transporte público… pero también andando y en bicicleta. Y todos con un claro objetivo: el de salvar la distancia que nos separa de los lugares donde satisfacer nuestros deseos o necesidades. Es decir, facilitar la accesibilidad a determinados lugares: a pesar de ciertas campañas de publicidad pocas personas disfrutan por el simple hecho de desplazarse.
Por tanto, la accesibilidad es el objetivo que a través de los medios de transporte persigue la movilidad.
Con este razonamiento lo que pretendemos es romper con la lógica habitual que equipara movilidad con accesibilidad. La confusión de ambos términos es la base de una fórmula muy aceptada: a mayor movilidad mayor accesibilidad. Bajo esta simplificación se justifica y se ha justificado la aplicación de medidas y políticas que sin mejorar la accesibilidad –y ha menudo empeorándola– han incidido en los problemas de movilidad.
La accesibilidad así entendida no sólo se facilita o consigue mediante el transporte. Hay otros factores, cómo la distribución de los servicios o el desarrollo urbano, que influyen poderosamente sobre ella.
Si el objetivo que quiere garantizarse es el de disponer de accesibilidad a los bienes o servicios, no vale simplemente con ofrecer muchos medios de transporte que alcancen distancias cada vez mayores. Hay que cuestionarse también el espacio físico en el que se desenvuelven los habitantes y sus deseos y necesidades.
Es fundamental ampliar el ámbito de acción y reflexión del transporte al desarrollo urbanístico, a la prestación de servicios y al modelo de ciudad.
¿Cómo ha evolucionado la ciudad y su movilidad?
Los problemas de movilidad que actualmente presentan la mayoría de nuestras ciudades son la consecuencia progresivamente agravada de dos procesos que se han ido solapando en el tiempo. El primero es el consumo de suelo urbano para el transporte: la gran cantidad de espacio urbano que requiere el transporte se obtiene del que necesitan otras actividades, las cuales se ven obligadas a expandirse por el territorio. Con el aumento de las distancias entre actividades se requiere cada vez de más desplazamientos motorizados que reclaman a su vez más espacio que devorar, generándose así un círculo vicioso expansivo.
El segundo proceso es la especialización de los usos del suelo. Nos referimos a la tendencia de que cada vez más espacios sirven para un único tipo de servicio u actividad: oficinas, vivienda, universidad, centros comerciales… De esta forma se hace cada vez más necesario el tener que desplazarse y menos actividades quedan cerca unas de otras.
Pero la responsabilidad de esta evolución no descansa por igual entre los diferentes medios de transporte. El gran culpable de esta situación ha sido el automóvil: mientras todas las políticas urbanas y de transporte han estado orientadas a favorecer y fomentar su uso, el resto de medios iban a la cola, adaptándose e intentando sobrevivir en el entorno creado por y para el automóvil.
Las consecuencias del uso del automóvil sobre la ciudad se comparan a los de una bomba lenta: “una bomba cuya onda expansiva tuviera la virtud de trasladar edificios y actividades a varios kilómetros a la redonda, y cuyo principal efecto en el interior fuera el de destruir la propia esencia de las urbes: la convivencia y la comunicación entre los seres humanos” [1].
El resultado ha sido un incremento espectacular de las distancias cubiertas cada día por los ciudadanos y ciudadanas: sólo en los últimos 30 años se han duplicado [2], y se ha producido una fuerte expansión metropolitana al margen en la mayoría de los casos de la evolución demográfica, dando lugar a lo que se conoce como ciudad difusa.
En estas ciudades debido a que el transporte público resulta menos atractivo y competitivo el coche se convierte en la única alternativa. La ciudad difusa no solo resulta más cara y consume mucha más energía, sino que también margina a aquellas personas que no conducen, porque no pueden o no quieren tener un automóvil.
CONSEJOSN PARA EVITAR ACCIDENTES EN LA VIA
Reduce la velocidad. El exceso de velocidad disminuye el tiempo que tienes para reaccionar e incrementa las probabilidades de sufrir un accidente. Entre más rápido vayas, será más difícil reducir la velocidad. Si no puedes reducirla, te arriesgas a causar un accidente.
Reduce la velocidad. El exceso de velocidad disminuye el tiempo que tienes para reaccionar e incrementa las probabilidades de sufrir un accidente. Entre más rápido vayas, será más difícil reducir la velocidad. Si no puedes reducirla, te arriesgas a causar un accidente.
- Recuerda que a menudo los policías se ocultan mientras buscan a los conductores que exceden la velocidad máxima permitida. Si te atrapan conduciendo demasiado rápido, no dudarán en sancionarte. Aunque no se trata de un accidente, sin lugar a dudas es algo que quieres evitar.
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2Permanece en tu carril. La "conducción preventiva" significa dejar que las otras personas te sobrepasen y no defender tu posición en el tráfico. Resiste el impulso de tomar la justicia en tus manos ("¿Ah sí? ¡Déjame mostrarte lo que se siente cuando alguien te cierra el paso de esa manera!"), permanece en tu carril para evitar cerrarle el paso a los otros conductores y no serpentees por las calles. Acepta el hecho de que siempre habrá una persona que cree que tiene más afán que tú. Este es el tipo de conductores del que quieres alejarte. Resiste la tentación de “enseñarles una lección”, ya que no funcionará.
- En general, evita el carril izquierdo. Es el lugar en el que ocurren la mayoría de los accidentes.[1] También tienes más "salidas" en el carril derecho, en el caso de que ocurra un problema repentino que te obligue a cambiar rápidamente de carril o detenerte en el arcén.
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3Conduce con ambas manos en el volante. Conducir con ambas manos en el volante te permite tener un mayor control sobre el automóvil en el caso de que ocurra una emergencia. Imagina que tienes una sola mano reposada sobre el volante cuando tienes que desviarte bruscamente. Al ajustar tu posición, perderás esa fracción de segundo valiosa que puede ser la diferencia entre permanecer ileso y sufrir un accidente.
- Mantén las manos en los lados opuestos del volante. Aunque no se trata de la posición más cómoda, es la que te permite alcanzar la mayor flexibilidad en el caso de que necesites ajustar tu rumbo.[2]
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4No sigas de cerca al vehículo que está en frente de ti. No importa lo lento que vaya el tráfico, mantén al menos 2 segundos de distancia entre tu automóvil y el vehículo que está delante de ti. Si acortas la distancia, no podrás detenerte a tiempo si su conductor frena repentinamente.
- Esto es especialmente importante en las horas en las que hay mucho tráfico. Quizás creas que el automóvil que está delante de ti acelera rápidamente, cuando en realidad solo avanza para detenerse nuevamente. Si no sigues de cerca a los otros automóviles, no desgastarás tanto tus frenos y ahorrarás combustible. Los procesos constantes de frenar y arrancar no son buenos para tu vehículo.
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5Usa las señales apropiadamente. Siempre usa tus señales, incluso si crees que no hay nadie cerca. Al cambiar de carril en la autopista, no uses las señales luego de realizar la maniobra o mientras cambias de carril. Debes usar las señales con al menos 2 segundos de anticipación para que los otros conductores sepan lo que vas a hacer y puedan tener en cuenta tus acciones en el caso de que surja un problema.
- ¿Alguna vez notaste cómo las marcas de los neumáticos a lo largo de la carretera se encuentran justo antes de una rampa de salida? Este es el lugar en el que debes tener más cuidado.
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6Mantén tus ojos en movimiento. No te acostumbres a quedarte mirando la parte trasera del automóvil que está delante de ti. Mueve tus ojos periódicamente hacia los espejos laterales, el espejo retrovisor y el lugar en el que estarás dentro de 10 o 15 segundos. Si lo haces, puedes descubrir las situaciones potencialmente peligrosas antes de que ocurran.
- Esto te ayuda a predecir lo que va a hacer el tráfico. Al observar los automóviles que están delante de ti podrás saber si es necesario frenar pronto o seguir avanzando.
- Esto también te permite controlar tus puntos ciegos, lo que hace que sea más fácil saber si es seguro cambiar de carril.
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7Siempre usa el cinturón de seguridad. Esto es muy necesario, independientemente del lugar en el que estés, de tu tipo de automóvil o del lugar al que te dirijas. En muchos países se obliga por ley a que todos los automóviles tengan un sistema de seguridad que los conductores deben usar obligatoriamente. Ponerte el cinturón de seguridad solo te toma unos segundos y puede salvar tu vida en un accidente.
- Los niños siempre deben estar en un asiento infantil o elevador hasta que sean lo suficientemente altos y tengan el peso necesario para que se sienten en las sillas comunes. Esto generalmente incluye a los niños de 8 años y menos.[3]
- Nunca pongas a un niño en un asiento infantil o elevador en el lugar que está al lado del conductor o en otros asientos que cuenten con bolsas de aire. Los niños generalmente deben tener 12 años o más para sentarse en el asiento que está al lado del conductor.
- Los niños siempre deben estar en un asiento infantil o elevador hasta que sean lo suficientemente altos y tengan el peso necesario para que se sienten en las sillas comunes. Esto generalmente incluye a los niños de 8 años y menos.[3]
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8Conduce en el carril pegado a la acera. Permanecer en la protección de este carril reducirá las probabilidades de una colisión con el tráfico en los dos o cuatro carriles. Asimismo, en lugar de tener tráfico en ambos lados de tu vehículo, como lo ocurre cuando te encuentras en el carril que no está pegado a la acera, solo lo tendrás en un lado, lo que reducirá las probabilidades de que otro conductor te choque de una manera u otra.
